introducción

he ido hilando un lazo entre mi cuerpo y alma. aún hay días donde siento que no pertenezco aquí; que mi cuerpo no es mi cuerpo. en mi piel hay más tinta de la que alguna vez imaginé. no sé si es un intento por reclamar este espacio: mi espacio. hay días como estos en donde me siento, veo los trazos sobre mi piel y no entiendo quién soy. vuelvo a ser el fantasma de lo que alguna vez fui. 

creo en las criaturas que habitan debajo de mi cama. no las he visto, pero las siento y, si cierro los ojos con fuerza, puedo verlas. por la noche sus brazos salen por el hueco que se encuentra debajo del mueble y tratan de tomarme por las piernas. los sonidos siempre son los mismos: el tren de fondo y de vez en cuando el sonido de una ambulancia. hace unos días desperté exhausto; no podía respirar. recuerdo que el cuerpo me ardía, sentía mis articulaciones quemarse. recostado, recorrí la habitación con mis ojos. estas son las mismas paredes que por años me ha visto temblar mientras conversaba conmigo. 

no pude despegarme del colchón. en mis ideas parpadea la imagen del semen del hombre que me hizo daño. se desliza por mi pecho y la idea de su textura me paraliza. quizás no soy lo suficientemente bueno y mi cuerpo no es apto para ser sexual, tal vez no soy lo que se espera de un hombre y nunca podré cumplir las fantasías sexuales de ninguna persona. 

recuerdo que era septiembre, lo sé porque cuando el otoño está cerca comienzo a percibir mi cuerpo distinto. mis emociones empiezan a mudarse, la felicidad y el éxtasis que trae consigo el verano dejan paso a la nostalgia del invierno. 

habíamos estado recorriendo la ciudad sin saber a dónde nos dirigíamos. aunque no estaba en los planes, recorrimos los límites. lo imagino como un coming of age pero relatado desde la perspectiva de los personajes de fondo. visitamos una fraternidad y tratamos de entrar a una fiesta. en la entrada dos hombres corpulentos pedían dinero para poder pasar. no logramos entrar pues no formábamos parte de ninguna comunidad. 

terminamos en un cuarto de motel con fachada amarilla. se veía desgastado por los años. la habitación era pequeña, con apenas dos camas sencillas que amenazaban con volverse una. jamás entenderé si lo que sentí por ti fue un amor idealizado, o una amistad meramente romántica. nunca sabré si realmente me había enamorado de ti. 

por horas hablamos de tu exnovia y cómo te sentías alrededor de ella. te sofocaba de la misma manera en que mis monstruos me sofocan a mí. estábamos sentados en la banqueta del motel, sudados por el calor que se detiene en el aire, lento y agobiante. frente a nosotros está nuestra habitación. la puerta de madera lustrada refleja vagamente a dos hombres que se 

buscan desesperadamente sin poderse encontrar. escondidos del mundo y lejos de la ciudad. los autos sólo se escuchan. 

en mi cabeza resuena la palabra falocentristas. el falo como centro de nuestro mundo. vivimos en un mundo donde el pene demuestra la superioridad de un hombre, la capacidad sexual que tiene. con el tiempo entendí que este mundo no acepta a personas como yo. hay días, quizás meses, donde siento que no tengo derecho a ser quien soy. esos días no pertenezco a este mundo. 

me convertí en un hombre lleno de odio. habité este mundo como un fantasma. viví dentro de mi cabeza, generando ideas que jamás verían la luz; historias que se mueven por distintos mundos. a veces es un niño pedido en el bosque, encontrándose después a su fiesta de cumpleaños donde los invitados eran su peor pesadilla. las ideas vienen a mi cuando no estoy consciente de lo que pasa a mi alrededor. un pasillo con puertas y dentro de estas habitaciones mis recuerdos. mi sexualidad esparcida en cada una de ellas, prostituyéndose en los tapetes de un motel. 

esas ideas se quedaron dentro de mí, terminaron por convertirse en los monstruos de los que hablo. con el tiempo mi percepción del arte cambió. como en una metamorfosis los recuerdos se alejaron. giraron a paso lento hasta volverse imágenes perturbantes. camino por esos pasillos donde las voces apenas se escuchan y el miedo habita en cada una de las luces que están por fundirse. tras la primera puerta encontré mi pasado; sentado sobre un columpio rojo frente a una cama llena de manchas, el rostro de un niño, quien alguna vez fui yo y pide ayuda desesperadamente. las fotografías que decoran el cuarto retratan al mismo niño de pie con las manos de varios hombres que aparentan ser sus padres, mis padres, tocando su hombro. cuerpos sin rostro. 

de nuevo despierto exhausto y sin poder respirar. el semen se convirtió en el sudor que ahora empapa mi ropa y mis sabanas. me encuentro atado al colchón, como si aquel líquido blancoso del motel me hubiera impedido pronunciar las palabras para pedir ayuda; para poder avanzar. 

así es como pasa mi vida. se repiten los patrones que obstruyen mi camino a sanar y me pregunto: ¿cuál es el significado que carga esta palabra? dentro, en mi cabeza, una silueta transparente limpia las manchas que lleva encima; las mismas manchas que he tratado de representar de distintas formas. depresión, ansiedad, represión. el trío que ha manchado mi ser. como eyaculación, cae en mi pelvis y se convierte en dolor. una flor creciendo del centro de mi coxis se va hilando hasta mis hombros. el colchón es mi pasado y estoy atado al dolor. 

dolor: la primera palabra que se me enseñó como niño. quién soy yo sin éste, cómo me describo sin él. soy tan sólo un eco difuminado de lo que mis manos dibujan; un cuerpo desnudo, obsoleto, apretando con sus manos sus rodillas pues solo de ahí se puede sostener. 


Heart Open

I’d been trying to write a story about us, about what we had and never were.
Our story starts in winter. I was brokenhearted, writing a letter to a man that wasn’t you. 
You cried for someone else’s touch. It seemed easy for us to mend each other’s through our respective despairs, but your ever changing mind couldn’t decide what it wanted.

We gave each other a chance, risked ourselves too many times. We found something in each other that we’ll never be able to explain. You know I love you, and deep down I know you do too. But alas, this story has been attempted to be written for a too long a time now. It all seems like a confabulation, there’s no connection between words, missing points in every line, and in every phrase you speak.

I’m afraid I’ll finally turn the page because I’m uncertain if it’s the last one; closing our story.
Normally, a conclusion wraps up fast, but what hurts is what comes next:
the days spent in bed thinking of what we could’ve been, looking back at all of the memories made, and changing the words in discussions that could’ve been avoided.
If only one of us had the guts to make a reckless move for our love, could this story have been composed.

I won’t deny I’m afraid of the ending, because I know it’s decided you’ll forget about me.
In those words you’ll let go of the first days spent together, when I was too nervous to even speak a word.
Then you’ll let go of the springs, the ones where we held each other’s hands and rubbed each other lips.
And for what it’s worth, you have one of the nicest lips I’ve ever caressed. Has anyone ever told you that?

What I’m most terrified of is you’ll forget about the summer, you know how important the sun is to me.
You declared we could try once more in May. It seemed impossible, but I gave you that chance.
Days later, you fractured me again as if it meant nothing. They told me you weren’t good enough, but I was willing to atone.
Deep down I knew I loved you even if it meant I had to do so as a friend.

I continuously asked myself: what will happen if I ever forget about you? But I know I’ll never be able to.
How could I forget your laugh, the sound? How you gazed your eyes into mine as a perfect curve rounded upright on the lower portion of your face.
How you touched my hand, so softly, yet so confident.
The same action that made me tremble deep inside and propel peace all over my body. I loved that subtle move of yours.

I’ll miss making fun of your black jeans and white tennis shoes. Turning the greenest eyes I’ve ever seen sad every single time. But you knew I was joking and smiled right through it. How could I possibly forget the raspy voice that gave me chills every time you confessed a compliment to me? Or your thousand hugs, those which you’d never miss a single one. And I’ll confess I pretended to be angry, but I was caving in from the happiness inside my heart when you arms raveled my body.

I acknowledge this ending is all my fault. With my insecurities to blame and everything I’m afraid of; I won’t incriminate you this time. For once, it isn’t your fault. At last, I had to be the one who had the guts to save our love. Even if deep down, I was hoping you’d be the one that would save me. But you won’t.

This story could go on forever, without a start or finish line. An endless map lacking routes and directions. A never ending oasis of affection which was never explored or handled. We never burnt anything, yet ashes will remain of what it was. But I’ll take this dust over nothing. I only wish I was brave enough to take you over everything.

Maybe you deserve more than what I could offer.  I’d give you my everything if I just felt enough.
But It’s winter again, so let’s not make this any longer.
We both know that there’s no ending to a story which was never written.


Using Format